La sostenibilidad a la hora de usar toda clase de alimentos y los recipientes en los que éstos son transportados y envasados, es uno de los puntos claves que más preocupa mundialmente al sector gastronómico hoy día.

Hace unos días saltaba en los medios británicos y con rápida repercusión en otros países, la iniciativa de Ed Baines, un chef propietario de restaurante en uno de los barrios más emblemáticos de Londres: el Soho. Baines, apoyado por otros chefs y periodistas gastronómicos, ha enviado una carta al alcalde de la ciudad alarmándole del alto nivel de basura concentrado diariamente en las calles del Soho, causado en gran medida por la numerosa cantidad de cajas de poliestireno utilizadas para transportar alimentos a los restaurantes.

El problema, aparte de los niveles de concentración de basura en el barrio, reside como bien señala Baines en su carta, en que el poliestireno es un material plástico altamente contaminante dado a que por lo general tiene una vida de un solo uso (y puede tardar nada menos que unos 1000 años en deteriorarse), suponiendo un gran gasto de gestión de almacenamiento de residuos y, sobre todo, que supone un gran peligro para los animales que confunden los envases de poliestireno con comida. Al acabar en el agua de ríos, mares y océanos, actúa como una espuma que absorbe los contaminantes, pasando a los peces que los ingieren y con ello posteriormente a los humanos y otros animales en la cadena alimentaria.

De hecho, el poliestireno ya ha sido prohibido en más de un centenar de poblaciones de Estados Unidos, como por ejemplo Nueva York. Por eso, es de vital importancia que otros países tomen conciencia de esta problemática que suponer generar al año 80 billones de vasos de poliestireno.

También conocido como “poliespan” o “corcho blanco”, todos estamos acostumbrados a su uso, ya que solemos encontrarlo en envases de restaurantes de comida rápida, en vasos para mantener el calor y en otros tantos productos similares muy empleados en restauración. Pero hay alternativas mucho más sostenibles para este tipo de usos, como las espumas hechas con material de compostaje, el polietileno (usado en botellas de agua, briks de leche…) o el polipropileno (típicos recipientes de kétchup, envases para la cocina y productos médicos…).

De este último material, el polipropileno, están hechos los envases de Miplato. Como decimos, suponen una buena alternativa al poliestireno, ya que su ciclo de degradación es mucho menor y se puede reciclar facilmente para obtener otro tipo de productos como material de oficina, automovilismo, jardinería, tuberías y un amplio etcétera. Además, el polipropileno tiene una fuerte resistencia a los impactos, la humedad y el calor, por lo que es ideal para el transporte y conservación de nuestros platos.

En las manos de todos está el conseguir un medioambiente más sano y sostenible. ¡Decimos NO al poliestireno!