Sabes que en alimentación existen los aditivos, pero rara vez te has parado a mirar en las etiquetas de los productos que compras. Saber sobre ellos es importante para tu alimentación diaria y tu salud en general.

 

Conservantes, colorantes, espesantes, mejorantes, humectantes… El uso de aditivos en la industria alimentaria genera polémica desde hace muchos años, pero cada día se dan pasos para mejorar su regulación.

Su uso es admisible, incluso necesario, siempre y cuando sean inofensivo y responda a una necesidad tecnológica o resulte útil para el consumidor. El problema es que no siempre se informa a éste con claridad, que se encuentra con infinidad de términos y números E que nadie sabe qué significan y dificultan a la hora de comprar o consumir un producto tomar una decisión consciente y segura. Es una situación cotidiana para los alérgicos a algún alimento, que encuentran muy difícil detectar los alérgenos ocultos entre los ingredientes de un producto procesado.

Aclarar que la mayoría de los aditivos no son peligrosos ni sospechosos de producir alergias. Hay algunos muy útiles que precisamente luchan contra el peligro de la proliferación de bacterias (conservantes). Sin embargo, muchos aditivos se emplean para enmascarar la pobreza de los ingredientes utilizados o para mejorar su aspecto; el problema puede venir por la acumulación, las alergias o el engaño al consumidor. En ocasiones hacen que la composición del plato se aleje bastante de la original; sin olvidar los potenciadores de sabor, de los que abusa gran parte de la industria, y que hacen que acabes comiendo más de lo normal…  Por ejemplo, una bolsa de cualquier snack y una de almendras más o menos tienen las mismas Kcalorías/100 gr, pero… ¿a que te resultaría más pesado tomar más de 150 gr. de una sentada de almendras?

El consumo puntual de un aditivo en un alimento

no entraña ningún riesgo.

 

El problema viene cuando su presencia es tan habitual en la dieta que, sumando los que contiene cada alimento elaborado y la cantidad que comemos al día, sí podemos encontrarnos con un problema. Por ejemplo, fíjate en los edulcorantes que puedes llegar a tomar un día cualquiera a través de la ingesta de bebidas refrescantes light, de yogures desnatados, de caramelos sin azúcar,… y tantos otros alimentos que actualmente los contienen.

Puedes utilizar una herramienta muy útil en la web de la Organización de Consumidores OCU: una “calculadora de aditivos” para conocerlos mejor. Verás que rechazan algunos por considerarlos engañosos, es decir, porque sustituyen ingredientes fundamentales o pretenden hacernos creer que un producto lleva algún ingrediente que no contiene.

Te animamos a investigar y curiosear en el supermercado, que te acostumbres a leer con atención el etiquetado de todo lo que compres. Descubrirás, por ejemplo, carnes picadas preparadas en las que, sospechosamente, sólo hay un 70-80% de carne (¿y el % restante?). Así podrás decidirte por productos y platos elaborados lo más naturales posible, sin aditivos y con ingredientes de calidad.